martes, 9 de marzo de 2010

Un hombre feliz

Hans era un hombre sencillo. El tipico hombre que pasa desapercibido para todo el mundo. Un hombre por el cual nunca girarias la cabeza para verle venir.
Hans no se relacionaba con la gente y la gente le dejaba en paz.
Y él asi, era feliz.
Sus dias se podrian ver como monótonos, grises y aburridos. Y en realidad lo eran, para la mayoria de nosotros. Pero no para Hans.
Su dia empezaba a las 6 de la mañana.
Hans se levantaba de su cama siempre solo, pero no le importaba.
" Así no tengo que hacer la cama nunca " pensaba.
Despues de un buen aseado, se vestía como un hombre 20 años mayor que él. Camisa, pantalón de pinza y zapatos le acompañaban en su desayuno, mientras obervaba el amanecer en la ciudad desde su ventana.
A las 7:30 en punto de la mañana, Hans entraba en The House & You Corp. ; una próspera empresa dedicada a los seguros de lujo ofrecidos a grandes millonarios que querian estar protegidos frente a un ataque de animales del cretáceo o frente a un holocausto nuclear.
Hans entraba con su impecable sonrisa directo a la sala del personal de limpieza, pues es a lo que habia dedicado 15 años de su vida.
Armado con un carrito lleno de maravillosos liquidos quitamanchas y fregasuelos, Hans se recorria las 24 plantas de aquel edificio, procurando que todo estuviera fresco y reluciente.
A las 17:00 terminaba su jornada y a las 17:15, Hans salía por la puerta con  una extraña sonrisa en la cara y se dirigía al metro.
Pero Hans nunca se iba a casa despues de trabajo. Siempre pasaba por alguna estación anterior a su casa y se apeaba, pensando que le vendría bien un poco de aire y entretenimiento.
Se le podia ver sentado en un banco en el parque central o paseando sin rumbo por los muelles o fumando y mirando con curiosidad las viejas fachadas de las casa de Old Wood, en el barrio viejo de la ciudad.
Fuera a donde fuera, Hans volvía a casa una vez la noche se habia apoderado de todo y la luz de las farolas eran unas de las pocas cosas que le hacian compañia en su vuelta a casa.
Hans cenaba poco.Decía que si cenaba mucho el cerebro se le llenaba demasiado de ideas cuando dormia y éstas se superponian unas a otras y no podia soñar con claridad.
Despues de su pequeño placer nocturno, Hans se encontraba tumbado en el sofá, viendo ducumentales de animales o leyendo algún libro comprado en el rastro.
" Es increible que la gente venda estos libros por tan poco " pensaba siempre.
A las 2 o 3 de la mañana, Hans siempre se descubría dormido, con el libro pegado en la cara o la tele encendida....A tientas buscaba sus zapatillas de felpa y se iba a su desastrada cama.
Allí, Hans se acurrucaba y pensaba que habia sido otro gran dia en su maravillosa vida, y dormía feliz.

Quizá no comprendais a Hans.
No lo intenteis.
Hans era un hombre sencillo. Tan sencillo que se conformaba con muy poco y ese poco le hacía sentirse inmensamente afortunado.
A los ojos de Hans, el mundo era un infinito placer lleno de posibilidades. Desde el alba hasta el anochecer, Hans disfrutaba del universo que le rodeaba hasta un punto incomprensible para nosotros.
Disfrutaba con el olor suave de sus sábanas al despertar y el tacto del aire fresco que entraba por la ventana. Escuchaba al astro rey despuntando en el horizonte cada mañana y saboreaba su desayuno como un gran manjar digno de un sultán.
Cada mañana, el metro era un abanico de culturas a su disposición. Gentes de todos los paises se dirigian a sus trabajos, volvían de ellos, dormian apoyados en un lateral del vagón, reian o escuchaban música.
Una mujer peina a su hija pequeña mientras ésta observa con una extraña mirada a un chico que se contonea levemente al ritmo de la música de su Ipod moviendo así a una mujer con un vistoso sombrero, el cual hace un gracioso movimiento de arriba-abajo que solo Hans parece disfrutar.
Ante escenas como esa Hans no podia si no sonreir tímidamente, consciente de que era afortunado de presenciar esos infimos detalles que nadie podia ver.
Despues de equiparse con su ropa de trabajo y su carrito lleno de potingues, Hans se divertía asomandose a los despachos de los agentes comerciales, que gritaban y se movian arriba y abajo, intentando cerrar un trato. Algunos fumaban, desesperados, otros, eufóricos, se deleitaban con sus amantes al telefono mientras sus mujeres esperaban en la otra linea. Otros no dejaban que Hans entrara en su despacho, pues la cantidad de papelinas y condones que se encontraba en su interior era alarmante. Hans lo sabia porque ya habia pillado a mas de uno con las manos en la masa.
Hans inventaba historias en su cabeza con las cosas que veia mientras empujaba su carrito, con una sonrisa en su más que corriente rostro.
Mientras fregaba los pasillos, Hans componia canciones con los sonidos de su alrededor y los dibujos del agua en el suelo bailaban al son de esa música que solo él escuchaba.
El olor a lejía y a desinfectante se le metía por la nariz y su ropa se manchaba a cada minuto que pasaba, pero cuando terminaba de fregar una planta, Hans se paraba a contemplar su obra y se jactaba diciendose a si mismo que era mas bonito el reflejo del mundo en su suelo recien limpio, que el mundo real.
Así, Hans pasaba el dia obervando cada movimiento del fino equilibrio que lo mantiene todo. A penas hablaba con alguien, pues no lo necesitaba. Se pasaba el dia interactuando con todo lo que le rodeaba.
Una vez fuera del trabajo,la ciudad se le presentaba como una nueva aventura. El aire puro del parque y el sonido de los arboles se sentaban con él en los bancos. Le fascinaba como las olas rompian cerca de donde paseaba:y le sorprendía la serenidad del agua allá donde casi la vista no alcanza. Se deleitaba escuchando a las rocas que componían las fachadas de las casas de Old Wood u obervando marcas en las paredes de otras vidas pasadas, y le gustaba pensar que aquellas marcas se habian dejado alli a propósito, como una especie de huella que se resistía al paso del tiempo.
Aquellos adoquines, esas palomas en las copas de los arboles y esas gotas de agua que flotaban en el ambiente acompañaban a Hans en su vuelta a casa, cuando un manto negro y un murmullo indescrptible lo gobernaban todo.
Era un soñador...por eso no cenaba a penas. Queria soñar bien y decia que si cenaba demasiado no pensaba con claridad. Se tumbaba en su enorme sofá con la misma sensación que el que está a punto de emprender un gran viaje. Solo que él no tenia limites, no se regía por ninguna ley.
Podia ir volando a una isla desierta y ver amanecer tumbado en la arena y un segundo despues estar contemplando un precioso atardecer en unos pastos verdes e infinitos.
Hans era un soñador. Pero era feliz.
Quizá se habia construido su propio mundo y se refugiaba en él todo el tiempo. O quizá sí vivía en el nuestro, pero lo contemplaba de una manera que no alcanzamos a comprender.

Hay quien dirá que a Hans le faltaba un tornillo.
Pero yo creo que estaba mucho mas cuerdo que todos nosotros.


 

Sr. Deivison

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